Parafraseando Peter Eisenberg, la zona cañera del Pernambuco es profundamente
marcada por los rasgos de la hambre e sube nutrición, de modo
especial los trabajadores del surco. Sobre estos queda la mano del
patrón, el brazo armado del Estado. En los años cincuentena y
sesenta ellos se rebelaron pues tenían que optar entre la hambre e
las protestas. De este modo surgieron las Ligas Campesinas como una
forma de resistencia, un modo de sobrevivir.
En
el inicio non hubo la carga ideológica y política, mas en su origen
fue marcada por un pragmatismo que hacia una conexión entre los
problemas, la organización laboral y la consecuentemente mejora de
la cualidad de vida. Cosa acerca del eso también se hubo en el
Francia y en el Italia en lo siglo XIX.
Del
punto de vista teórico, la nuevas propuestas no tuvieron su inicio
en la clase media, mas en los campesinos. Por lo tanto, repitiendo
Mintz, los trabajadores del surco, reales productores del dulce, en
sus vidas tienen el amargor, no de azúcar.
Esta
es una herencia a las generaciones futuras, un problema estructural
de difícil solución, una vez que los pueblos cañeros
experimentaron un proceso de escolarización, de calificación que no
os capacito para las nuevas tecnologías, tan esenciales para la
inserción en el mundo del trabajo.
Además
non hubo un proyecto de cambio a la matriz económica, no existió,
tampoco, una estructura material para empezar tal hecho. No hay
estradas, la naturaleza esta explotada y case sin vida. O sea, hay
mucho o que hacer.
Pero,
yo tengo la esperanza de un mundo mejor para los pueblos campesino, a
los pobre que quedan en sus periferias, en sus favelas. Como habla
siempre el Lula, el antiguo presidente de Brasil, en muchas
ocasiones, que la gran solución para las crisis son los pobres.
Ellos nos son o problema, mas su solución.

Comentários
Postar um comentário